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La superchería del acoso sexual. Raúl Gutiérrez
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Mensaje La superchería del acoso sexual. Raúl Gutiérrez 
 
La superchería del acoso sexual

Políticos calzonudos para quienes las mujeres son seres indefensos que requieren protección, lo mismo que los inválidos, e inocentes, igual que las guaguas, cedieron a presiones de hembristas y dictaron ley insensana

Por Raúl Gutiérrez V. editor del GRANVALPARAISO.CL

¿PODRIA UNA LEY defender a quienes son víctimas de los desengaños amorosos? ¿A los que sufren por causa de ingratitud de los hijos o familiares? ¿A los que son feos o torpes? Sólo a una mentalidad delirantemente socialista a la antigua se le podría ocurrir que el Estado movilizara sus recursos para tratar de intervenir en esas materias.

De partida, hay muchos problemas y situaciones que debemos enfrentar solos, con suerte con el apoyo de familiares o amigos. La enfermedad terminal de una persona a la que apreciamos mucho, la trágica muerte de un hijo, el fracaso de un proyecto en el que cifrábamos grandes esperanzas. Habría que ser muy idiota para pensar que en esos trances podríamos obtener algún apoyo o consuelo de un burócrata o de alguna ley aprobada por nuestra patética clase política.

Por otra parte, el Estado no es todopoderoso y a menudo sus intervenciones son muy ineficientes. Es cosa de observar lo sucedido con el Transantiago. Es cosa de ver cómo los delincuentes se tornan cada vez más audaces, mientras los pacos hacen el ridículo con sus planes cuadrante, sextante, estrella y cometa. Es cosa de asomarse a los consultorios y ver cómo hay algunos que carecen incluso de alcantarillado y que están dotados únicamente de aspirinas y parche curitas. Es cosa de ver cómo los muchachos salen del liceo, al cabo de 12 años de enseñanza, sin saber leer ni escribir ni resolver una regla de tres simple. Es cosa de ver puentes que se caen, las normas de protección a los consumidores que se no se cumplen, los tribunales que tramitan a miles de personas mientras favorecen a sinvergüenzas... Ese el Estado "moderno" y eficiente bajo cuya férula nos encontramos.

Sin embargo, el amplio frente transversal de los calzonudos, que hacen nata en nuestra desprestigiada clase política, ha sancionado una ley para que el Estado salga a defender a pobrecitas mujeres que supuestamente son víctimas del acoso sexual. Se trata de un delito de difícil identificación, ya que a menudo es la palabra de una persona contra la de otro y es difícil que un acosador vaya a dejar pruebas de su hostigamiento. Si se trata de violación, de agresión sexual o atentado contra la moral, ya existen figuras jurídicas eficaces para perseguir estos delitos y castigar a los repudiables hechores.

Nos dicen que algunos países supuestamente civilizados, los mismos en que el racismo va en alza y se permite el aborto de fetos incluso hasta los seis meses de gestación, movilizan a jueces y policías en defensa de mujeres que reclaman por haber sido acosadas, lo que ha dado origen a toda una próspera industria de demandas, con abogados que tramitan causas por decenas de millones de dólares.

LOS (Y LAS) VERDADER@S MACHISTAS
Señores, aclaremos de una buena vez las cosas y dejémosnos de supercherías: machistas son aquellos que consideran que las mujeres son débiles y tontas y, por consiguiente, incapaces de defenderse con sus propios medios en el competitivo y despiadado mundo en el que nos desenvolvemos.

Machistas son los ilusos o las manipuladoras que sugieren que las mujeres son un dechado de virtudes e intrínsecamente superiores desde el punto de vista moral que los varones. Los no machistas, en cambio, las tratan como iguales. Las consideran seres dotados de las mismas capacidades que los varones, tanto o más inteligentes o pillas, tanto o más sagaces, tanto o más fuertes, tanto o más envidiosas, materialistas, inmorales, audaces, hipócritas. Ellas no provienen de Venus y nosotros de Marte, sino que estamos todos hechos del mismo género, sólo que moldeados por una crianza y educación sexistas, que explican muchas de las diferencias que se perciben en los hábitos y conductas de unas y otros.

Los machistas varones son unos románticos incurables. Parten de la base de que hay que proteger a la mujer, es decir ellos se las dan de protectores, lo que, curiosamente, supone que se sienten superiores a ellas. Estos especímenes son defensores de la virtud femenina y tienden a imaginar a las mujeres castas e incluso carentes de pulsiones sexuales. ¿Y si fuera tu madre o una hermana tuya la acosada?, pregunta, creyéndose muy agudo, un detractor de nuestra postura. Pues en tal evento yo aspiraría a que ella fuese capaz de defenderse por sí sola, como mujer adulta que es, en lugar de plañir como bebita por auxilio... del Estado. ¿Y si perdiera su trabajo porque se negó a acostarse con el jefe?

Bueno, en primer lugar eso sólo es posible en las pequeñas empresas. Si el dueño o el jefe está caliente con o enamorado de una mujer, y ésta sinceramente no está ni ahí con él (ojo, la mayoría de las féminas dicen que no al principio, para luego decir "bueno" ), entonces lo mejor es que ella deje la pega. Es terrible decirlo en tiempos como los que corren, con tanta cesantía, pero hay miles de casos en que los individuos deben dejar el trabajo por incompatibilidad de piel, política, religiosa o lo que sea con sus jefes. Son muchas las mujeres que han sabido defender solitas su dignidad, entendiendo que ellas disponen de suficientes herramientas y capacidades para arreglar por su cuenta las cosas y no tener que andar involucrando a burócratas ineptos en estos líos.

A propósito de burócratas, es lógico que éstos, para justificar su pega, traten de inflar al máximo el supuesto problema, esgrimiendo encuestas fuleras cuya credibilidad y solvencia técnica son muy endebles. Es obvio que si le preguntan a una mujer si ha sido acosada alguna vez, difícilmente va a responder que no. Eso sería como reconocer que no ha sido capaz nunca en su vida de entusiasmar a un hombre. De esta forma, las burócratas del SERNAM pueden salir con la monserga de que "el 80% de las chilenas han sido acosadas", y vamos justificando la pega y hasta las horas extras. Al respecto, no deja de ser curioso y risible que entre las hembras que más ruido meten y más han presionado para la dictación de una ley sobre acoso sexual figuran algunas que son tan pero tan feas, que difícilmente algún hombre podría haberlas acosado en su vida. Y si alguno intentó hacerlo, debe haber sido un miope o un ciego. A lo mejor, detrás de todo ese chillerío para que se legisle sobre el tema hay una dosis no despreciable de frustración y resentimiento.

Por lo demás, seguro que apenas esta ley entre en vigencia y los calzonudos politiqueros queden convencidos de que han dado un gran paso para proteger a las mujeres, surgirá una especie de DICOM de trabajadoras conflictivas, esas que andan denunciando acosos, el cual será seguramente consultado por los empresarios, hombres y mujeres, a fin de hacerle la cruz a estas féminas.

Sólo cabe esperar que esta ley no vaya en detrimento de las posibilidades de trabajo de la abrumadora mayoría de las mujeres -ésas que se sonríen con un dejo de desdén cuando se les plantee el tema del acoso sexual- y que no necesitan del apoyo de ningún politiquero calzonudo ni burócrata para defender con discreción pero eficazmente su dignidad.


COMENTARIOS SELECCIONADOS DE LECTORES

* Resulta loable la habilidad del autor del artículo para lograr en cinco minutos descalificar la causa que pretende defender, confundiendo el estilo coloquial con la falta de argumentos, o al menos, la pobreza conceptual. En lo personal, desconozco la relevancia del problema del acoso sexual, definido en función del desmedro de la calidad laboral de el o la afectado/a. Parece obvio que los límites son difusos, y la configuración del delito bastante compleja. Sin embargo, no resulta descabellado rayar la cancha en las ya desiguales relaciones laborales, creando una figura legal para situaciones reales que sin duda se dan, y a veces con tristes resultados. Sugiero que el autor se demore un poco más en redactar sus artículos y, para ello, se siente en un lugar distinto al retrete. Juan Cuevas

* Promoviendo a las mujeres aprovechadoras
José María Muñoz

Lo más delicado es que la ley que sanciona el acoso sexual se basa en la acusación de la llorosa denunciante en contra del supuesto pervertido. Para qué estamos con cosas, esto se presta para que aquellas mujeres NDP, las hipócritas, las trepadoras y las psicópatas sigan sacándole buen provecho a las leyes que los caballeros andantes dictan para resguardar el honor de "la mujer", categoría cada vez más abstracta y "hermenéuticamente compleja", gracias a las pseudociencias sociales al servicio de los intereses hembristas y del miserable pituto para la camarada cesante y a costa de nuestras inflamadas arcas.

Generalmente, cuando alguien osa decir algo en contra de las mujeres que se aprovechan de su condición para obtener beneficios, saltan de inmediato los caballeros andantes, los viejos calzoneados, o los calzonudos, insultando y descalificando al ofensor; pareciera que gracias a aquellas categorizaciones abstractas y cargadas de demagogia sexista, las carajitas se han vuelto intocables escudadas tras aquello de "la mujer" o "la madre". Quizás llegue un momento en que ser mujer sin escrúpulos en este país se convierta en el gran negocio, el verdadero Chilean Dream que la clase política le otorga gratuitamente y a costa de los menos quejumbrosos varones a aquellas que están dispuestas a abrirse paso en la vida gracias su único Don, el culo y el poco asco a los moteles de quinta.

Después de todo, putingas, chanas, guarilongas y camboyanas de todo tipo se esconden muy bien en los puestos de confianza en las instituciones que todos conocemos, desplazando a mujeres realmente valiosas y profesionales que solitas e insignificantemente califican bien en lo profesional, pero no en las asignaciones brujas de puntaje, quizás por mamadas hechas para postular a un cargo.

El mensaje para aquellas nuevas mujercitas será claro: búscate un gil con buen sueldo, cásate con él, invéntale acusaciones de agresiones con los moretones que te hacen los zapatos, quítale los hijos (tú los pariste), sácale una buena pensión, y si trabajas, acusa también a tus jefes de lo que quieras, total, toda la institucionalidad corre y se conduele al ver a "la mujer", a "la madre" o a "la esforzada chilena" llorosa y mancillada en su virtud. Bastará en nuestro Chile de las cosas copiadas a medias y la negligencia, y frecuentemente, sólo el llanto y la pintura de ojos corrida para dejar al sujeto firmando como delincuente y sin que se investigue nada.

* Precauciones para evitar acusaciones de acoso
Juan Carlos Edwards Vergara, San José de Maipo

Está de moda en el mundo entero, el mentado acoso sexual. Hace alrededor de cuatro décadas, el Ministro John Profumo fue acusado en el Reino Unido. ¡Qué hipocresía la de los británicos, cuyo imperio se ha destacado por la interminable secuela que han dejado en su historia distintos tipos de acoso a las mujeres y a los hombres! Baste recordar a Enrique VIII, que después del acoso les cortaba la cabeza con el hacha a sus esposas; Carlos II, gran enamorado que paseaba sus amantes sin disimulo; y en nuestros días el Príncipe Felipe y su hijo Carlos. También Isabel I tuvo varios “amantes”, a pesar de ser “la Reina Virgen”. El elegido no podía negarse, ya que corría el peligro de descubrir que había sido la última de sus negativas. Y para qué mencionar al pobre Oscar Wilde con el hijo del Marqués de Queensberry. Ni hablar de Rusia y los insaciables apetitos sexuales de muchos de sus zares, zarinas y nobles. Las historias de Catalina la Grande hacen empalidecer a los más bizarros tenorios. Rasputín dejó una huella indeleble en su historia. Los más refinados en este campo han sido los pueblos asiáticos, del Medio Oriente y otros de la zona, en que las mujeres se hacinaban en harenes y serrallos. En algunos lugares, hasta hoy día.

En todos estos casos existe una constante que he sintetizado en una frase, que seguramente cause controversias: la mujer es el botín del vencedor. Claro que con la liberación de costumbres en el mundo occidental, debemos completarla: el hombre es el botín de la vencedora. Más todavía: hay hombres que son el botín de vencedores y mujeres que lo son de vencedoras. Tenemos que ser justos. Hoy las cosas son así, reconozcámoslo sin hipocresías, simplemente.

Conozco a un importante señor de la zona del Cajón del Maipo que ha sido acusado de acoso sexual por mujeres mayores, azuzadas por sus enemigos políticos. Demandas basadas en pruebas muy dudosas sobre favores edilicios. Incluso se dice que las mujeres recibieron “dinero” y promesa de futuros “favores” si hunden al señor de marras. Aparecieron enseguida los nuevos fiscales, ansiosos de cubrirse de gloria. Modernos Torquemada, prontos a llevar al potro del tormento a testigos y acusado, en la esperanza de purificarlos, al término del proceso, en sendas hogueras levantadas en la plaza pública, en medio de entrevistas televisivas y radiales, con sesudas declaraciones explicativas.

Creo que el presunto delito no existe. Pero estoy muy preocupado. No sé como comportarme con las mujeres, los hombres, los niños, los viejos. Incluso no me atrevo a acercarme a las estatuas. No vaya a ser que al tocar a un desnudo discóbolo de piedra me acusen de homosexual; o si acaricio los senos de mármol de una réplica clásica griega de una hetaira, sea llevado al cepo por degenerado y salga en todos los diarios, avergonzando a mis hijos y a mis nietos y causando la huída de mis conocidos. Me expongo a quedar en el más absoluto abandono y tal vez encarcelado de por vida. Por de pronto he optado por no llevar nadie “a dedo”. También tener una declaración jurada ambulante para que sea firmada por todos los que entren a mi modesto vehículo o a mi pequeño hogar. ¿Ustedes creen que este escrito es irónico? Señores, es la pura verdad.

* El Estado no puede andarle cuidando el culo a las minas
Chris

Las leyes más complejas de dictar son aquellas en la que la subjetividad juega un papel importantísimo. Ésta es una de ellas. Si bien es cierto, obtener sexo por poder es realmente horrible. Pero ¿quién dice que esa Mujer u Hombre no anda en busca de esa ventaja que le permite moverse, libremente, dentro de una empresa. ¿Quién le puede dar esa ventaja? Es tan simple como tener agarrado de la webas a un hombre o para un hombre tener agarrada a una mujer de la moral.

Cuando un hombre se hace el lindo con una mujer, eso es ACOSO SEXUAL; cuando una mujer se hace la linda con un hombre, eso es SEDUCCIÓN. ¿Hasta cuándo vamos a adornar las cosas a nuestra conveniencia? Creo que el artículo tiene mucha razón. "El estado NO puede andar cuidándole el culo a las mujeres, y mucho menos la verga a los hombres". Eso te lo enseñan en la casa. "Si quieres prestar el poto para ascender, después no te quejes", así lo diría mi abuela... Hay cosas mucho más importantes que una ley de acoso sexual. Por otro lado, si estuviese tan la cagada en materia de acoso, la cesantía sería altísima, porque ¡las mujeres, puchas que están buenas!

En fin, creo que el sexo no se puede legislar, ahora si se trata de políticas de moral, deberían comenzar por los senadores y diputados.
  




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