Por José Antonio Burriel
Abogado y Periodista, experto en violencia doméstica
No importa el producto que se publicita y se quiere vender, eso es lo de menos. Si son muebles, el cuerpo femenino lo mas visible posible. Sin son coches, azafatas atrayentes y sexys. Si es electrónica o similares, cuerpo femenino semidesnudo, con los pechos al aire. Me pregunto: ¿Qué tendrán que ver esos objetos de consumo con el cuerpo femenino?
Posiblemente tiene que ver con el consumo. Y posiblemente tengan que ver con el consumo porque se sigue pensando, y presentando, a la mujer como un objeto de consumo. ¿No hay gente que se enfada cuando se habla de machismo? Si no quieres una taza...chocolate espeso y a todo trapo.
Y esa publicidad, mal que les pese a los diseñadores publicitarios –eso si, sin mas imaginación que una concepción errónea del papel de la mujer en la sociedad-, hace daño. Y lo hace porque remachan la idea machista de la mujer como ser inferior, como objeto de consumo para el hombre.
Se habla, porque hablar se habla mucho pero hacer se hace poco, de un observatorio para la publicidad, cuya finalidad, es entre otras, la de vigilar que los anuncios respetan la igualdad y la dignidad. ¡Que actúe! Claro que la mayor responsabilidad esta en el consumidor, porque si este no reacciona, nada hay que hacer.
¿Reaccionar? No estaría mal que uno entrase a una tienda de venta de automóviles y pidiera en el mismo paquete el coche y la azafata. O comprara un aparato electrónico pero que fuera vendido por una mujer casi en cueros. ¡Señores, el cuerpo femenino tiene más dignidad, como el cuerpo masculino, que ser ofrecido como objeto de consumo y de placer para el hombre!
Lo dicho, esos anuncios reflejan la persistencia de una actitud machista en la sociedad.
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