Uno de cada 20 maltratadores se somete voluntariamente a un programa de rehabilitación
Un total de 34 varones de la provincia, de los 738 agresores que figuran en el Registro Central para la Protección de la Víctimas de la Violencia Doméstica, se han acogido a este dispositivo
Uno de cada 20 maltratadores deciden someterse en Ciudad Real al programa Vitrubio, uno más de los dispositivos que existen en Castilla-La Mancha para luchar contra la violencia de género. Desde que se pusiera en marcha en el año 2006, han accedido voluntariamente al tratamiento 34 varones ciudadrealeños, sólo un 4,6 por ciento del total. Y es que, según el Registro Central para la Protección de las Víctimas de la Violencia Doméstica que el Ministerio de Justicia creó en 2004, un total de 738 hombres de la provincia están en la lista de agresores. Una cifra que coincide con el número de órdenes de protección y medidas cautelares dictadas.
El porcentaje se asemeja al del conjunto de la región, puesto que de los 2.649 maltratadores que figuran en el censo, un total de 148 se han acogido a Vitrubio con el objetivo de conseguir una rehabilitación que pasa por un cambio de actitud ante los conflictos para aprender a vivir una afectividad basada en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. En definitiva, como explica María Amorós, coordinadora regional de Vitrubio, «se trata de frenar la repetición de las conductas violentas para preservar la integridad física y psicológica de las mujeres que sufren malos tratos».
Las líneas de trabajo de este programa del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla - La Mancha, financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla - La Mancha, se centran en la intervención directa y en la prevención. En este sentido, Amorós precisa que «la atención psicológica se basa en una metodología cognitivo-conductual que aborda el comportamiento violento desde una perspectiva de género». «El tratamiento está en un principio orientado a la toma de conciencia y modificación del sistema de creencias de los usuarios. Las fases siguientes se centran en la adquisición de formas adecuadas de comunicación y resolución de conflictos, así como en las habilidades sociales», apostilla al respecto.
Puntos de vista. Existen diversos puntos de vista acerca de los malos tratos. Uno de los enfoques basa el problema en la desigualdad social entre los sexos y en el control que el hombre ejerce sobre la mujer. Otra teoría sostiene que la conducta violenta es el resultado de experiencias traumáticas sufridas en la infancia. También hay perspectivas que podrían considerar la existencia de determinada psicopatología de la personalidad, que confiere al agresor el carácter de enfermo. Unos y otros procedimientos está enfrentados, pero son complementarios ya que, en opinión de Amorós, «la lectura que ha de hacerse es la de que, habiendo una multicausalidad, el destino final es el mismo: la emisión de distintas formas de violencia que, desgraciadamente, acaban dañando a la mujer en primera instancia, pero también a la familia y a la sociedad en general».
Por ello, esta iniciativa también contempla una vertiente dirigida a la prevención de comportamientos violentos. «Se desarrollan charlas informativas, tanto para la población en general como para colectivos específicos, y talleres de detección precoz para profesionales de sectores que puedan estar relacionados con la violencia de género», asegura Amorós.
El porcentaje de abandono suele oscilar entre el 10 y el 20 por ciento. La razón radica, en la mayoría de los casos, en que «los varones que acudieron a tratamiento impulsados por un ultimátum de su pareja, lo dejan cuando consiguen retomar la relación». «Debido a esta motivación extrínseca, el maltratador, conseguido su objetivo, sale del programa», subraya. No obstante, afirma que «los usuarios suelen acudir con motivación, ya que no supone una alternativa a una condena judicial (criterio de exclusión del programa), sino una posibilidad de mejora como persona».
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