Antonio Estévez Blanco y Miguel Ángel Llana
Rebelión
Las privatizaciones de los servicios públicos nunca son inocentes y son, además, una sentencia firme de precariedad laboral y de negocio privado en detrimento del servicio público que se debiera prestar a los ciudadanos.
En 1953 se funda la empresa de Lavandería Industrial Lavachel, S.A. en un Polígono Industrial de Gijón, Asturias, dedicada a hacer la colada de una buena parte de los Hospitales Públicos de Asturias, León y Galicia, además de realizarla para hoteles y restaurantes. La empresa cuenta actualmente con una plantilla de 140 trabajadoras incluyendo a familiares y allegados que el empresario ha colocado en los puestos de confianza.
Desde su comienzo la empresa se caracterizó por los conflictos con las leyes laborales y, aunque tiene un largo historial en la Inspección de Trabajo, sin embargo, ha resultado ser intocable dada la relación político-sindical de su Administrador Único Jorge Francisco Gumiel Díaz con UGT y con el PSOE seguramente debido a la financiación altruista de campañas o a su buen nombre ya que en 1999 fue nominado por el Principado al premio Emprendedor.
Paralelamente a estos favores, parece que también se le concede licencia para imponer las condiciones de trabajo más beneficiosas económicamente para la empresa pero, vulnerando derechos laborales de las trabajadoras. Así es que en cincuenta y cinco años de historia no han tenido representación sindical, a nivel de Comité de Empresa, hasta hace poco más de tres años -un cuarto de siglo después de instaurada la democracia- ni tampoco que una trabajadora que fuera reivindicativa resista el azote represivo de la empresa y sea despedida, todo ello sin que el Servicio de Salud del Principado de Asturias, el SESPA, haya intervenido sino para proteger y encubrir la situación, siendo además, el donante de las subvenciones públicas regionales inyectadas a Lavachel a quien le da preferencia administrativa en las concesiones de obra y servicio. La externalización -privatización- de los servicios públicos parece se está convirtiendo en la alianza interesada de partidos, gobierno y sindicatos con la patronal; lo demás no cuenta, ni importa.
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