|
Bullying: así son los verdugos que imponen su ley en las clases
Balonazos, zancadillas, escupitajos y maltrato psicológico. "Mis amigas están enfadadas conmigo. Pero yo no les he hecho nada, son así", le decía Nuria Escudero a su madre, que buscaba una explicación a semejante acoso.
"Un día me dijo que no quería ir al colegio porque le dolía la cabeza; al siguiente, que no la dejara en el comedor", recuerda Carmen Álvarez, madre de Nuria. Afortunadamente, "es una chica abierta y tiene mucha confianza conmigo. Me lo contó todo y pude intervenir", explica. Nuria estudia en un centro privado de Barcelona.
En sexto de primaria, sus amigas comenzaron a acosarla. "Anteriormente, consiguieron echar a dos niñas del colegio", advierte Carmen. Las agresiones eran sobre todo psicológicas: le decían que era fea, que vestía mal, que no querían ser sus amigas, le hacían el vacío... o escondían su material. "No todo era tan sutil", matiza, "también hubo agresiones físicas.
La escupían desde las escaleras, le ponían zancadillas o le tiraban pelotas a la cabeza". La gota que colmó el vaso fue cuando le quitaron la pulserita que un familiar le había regalado por su primera comunión: la tiraron al suelo y la pisaron hasta romperla.
Carmen fue a hablar con la tutora de su hija, que no creyó una sola palabra porque, según decía, "es una niña muy querida entre sus compañeras". Pero, dispuesta a poner fin a la situación, reunió a madres e hijas, y las niñas, que admitieron lo que había hecho, fueron castigadas.
A pesar de que, una vez pasado el castigo, las chicas no cambiaron su diversión del recreo y buscaron otra cabeza de turco, Nuria pudo seguir en el colegio, aunque en otra clase, sin sufrir más acosos.
Este caso tiene un final medianamente feliz, pero Jokin y Cristina Costa, la niña de Elda, no pueden decir lo mismo. Ellos hicieron saltar a los medios el bullying (cuya traducción sería dar patadas, golpear, hacer burlas o dejar de lado a algún compañero de clase) porque sus casos fueron dramáticos, pero no son los únicos.
Un 48% de los escolares españoles entre 9 y 14 años ha sufrido acoso en la escuela. Para más de la mitad éste es psicológico, pero un 18% lo padece también de forma física -que incluye el 2% de heridas de arma blanca y el 2,5% de agresiones sexuales-.
Sólo en Madrid, "el 14,3% de los escolares, 53.060 alumnos, ocultan las agresiones", según Pedro Núñez Morgades, defensor del Menor, "y unos 12.000 tienen fobia a ir a clase y se inventan excusas para ausentarse".
Las quejas por bullying recibidas en esta institución crecieron un 49% de 2003 a 2004 -de 59 a 99 denuncias-. Núñez Morgades añade otros datos: "El 9% del alumnado de nuestro país sufre amenazas, y más del 3%, agresiones. Por su parte, el 30% de los estudiantes de secundaria sufre acoso verbal frecuente".
Pero como señala Nora Rodríguez, pedagoga especialista en bullying y autora de Guerra en las aulas (Temas de Hoy, 2005), "la realidad del problema resulta aún más cruda que la estadística". Rodríguez estudia el fenómeno en España desde finales de los años noventa.
"La solución no pasa por mandar a los acosadores a un reformatorio", explica la experta, "hay que atacar el problema de raíz: también los niños que acosan a sus compañeros precisan ayuda psicológica y los colegios deben hacerse responsables del tratamiento". Además, propone que trabajen conjuntamente pedagogos y servicios sociales.
De momento, el defensor del Menor ha preparado unos folletos explicativos para combatir el bullying en el próximo curso. "Actúa. No calles. El silencio perpetúa el acoso", reza uno de los lemas de este cuadernillo. Hace ya años que en EE UU, Reino Unido o Irlanda se cuelgan carteles los colegios que animan a las víctimas de alumnos matones a denunciar los acosos y disuaden a los bullies de agredir a sus compañeros.
Los acosadores no tienen necesariamente un perfil patológico, "pero han aprendido un modelo de comportamiento que se basa en la violencia y su actitud no cambiará mientras no se les enseñe otra manera de interactuar socialmente", explica Alejandro Navas, profesor de Sociología en la Universidad de Navarra: "Si no se corrigen, seguirán por ese camino y se unirán a bandas callejeras".
El psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno se muestra de acuerdo con que la violencia se aprende e indica que "la televisión -que cada vez más hace las veces de niñera- exhibe a personajes violentos que consiguen trabajos en programas de televisión y prosperan, pero los educados no caben en esos espacios".
Además, Navas asegura que "los acosadores actúan en grupo, donde la voluntad individual queda anulada, porque se sienten más fuertes". "Aunque, sin duda", apunta este sociólogo, "la novedad es que el bullying se da cada vez en niños más pequeños".
Éste es el caso de Juan Blanco, un chico de siete años. Sus compañeros le comenzaron a molestar. Le bajaban los pantalones en el baño delante de toda la clase. "También me daban balonazos en la cabeza", cuenta Juan. Pensaba que sus acosadores se cansarían y le dejarían en paz, "pero un día en la puerta del colegio, me pegaron entre todos, me tiraron al suelo y me dieron patadas y capones; me dejaron moratones por todas partes", recuerda con miedo.
Su madre denunció lo ocurrido a la policía, pero ésta no hizo nada al respecto "porque son cosas de niños". Ante la respuesta de los agentes, la madre de Juan habló con el director del colegio, que tampoco se responsabilizó del asunto con el pretexto de que "los hechos tuvieron lugar fuera del horario y el recinto escolar ". Ahora Juan tiene miedo y todo lo que su madre puede hacer por él es no llevarle al centro.
Como indica Nora Rodríguez: "El bully puede salir de un hogar desestructurado o ser víctima de violencia en su casa; pero también existen colegios que son verdaderas fábricas de matonismo, con profesores que ridiculizan a alumnos o señalan sus defectos en público". Como aquel profesor de gimnasia que gritó a su pupilo delante de toda la clase: "¡Corre gordo, baja la tripa!".
En cuanto a la relación entre violencia y sexo, Nora Rodríguez apunta que "el chico acosa mediante violencia física y psicológica, mientras que la chica ataca psicológica, social y moralmente a su víctima". Cuando el grupo es mixto, "ellas copian la forma de violencia masculina, pegan más y más fuerte", advierte Rodríguez. Además, señala que "los chicos que han acosado a sus compañeros jamás se arrepienten de ello, mientras que las chicas pueden llegar a compadecerse".
En lo que se refiere al carácter del acosador, existen diferencias de opinión entre los expertos. Mientras Nora Rodríguez y el doctor Joaquín Díaz Atienza, de la unidad de salud mental infanto-juvenil del Hospital Provincial de Almería -y organizador de la 41 Reunión de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil-, aseguran que "el bully tiene una enorme falta de autoestima y usa la violencia para sentirse más fuerte", José Luis Pedreira, psiquiatra de infancia y adolescencia, señala que "son niños narcisistas, que no se han educado en la frustración y no admiten los mensajes contradictorios".
Según Pedreira, "casi siempre son chicos (tres por cada chica) y se rigen por un temperamento arcaico". Además, "suelen ser malos estudiantes, aunque tienen alguna habilidad, como el deporte, y les encantan las películas y los videojuegos violentos".
Los escenarios habituales del acoso son el recreo, el baño, las actividades extraescolares... "El acosador es cobarde y escoge aquellos sitios donde los profesores no puedan pillarle", asegura Nora Rodríguez. Sin embargo, su reinado tiene detractores. Pedreira señala que "a partir de los 12 años, las chicas de la clase se dan cuenta de que este líder no es trigo limpio y le dan la espalda". Pero los únicos con capacidad de actuar frente a un bully, y quienes deben localizarlo, son los profesores.
¿Y los padres? "No quieren ver que sus hijos son acosadores y no aceptan que los profesores les reprendan", explica este psiquiatra. Navas advierte, además, que "actualmente los profesores ya no están respaldados por los padres. Éstos pasan mucho tiempo fuera de casa y para compensarlo defienden a sus hijos ante las censuras o castigos de los educadores". Negro horizonte.
Idoia Sota
Fuente: http://www.epoca.es
|